kaufmannd_2Chile aún sigue mejor que otros países de América Latina, pero esa no es ninguna razón para sentirse conformes, porque la región está mal”.

Con esa premisa comienza a explicar Daniel Kaufmann el “estado de situación” de la corrupción en Chile.  El economista chileno y ex director del Instituto del Banco Mundial – avecindado en Estados Unidos hace décadas- es experto en corrupción y gobernabilidad, y estuvo en el país invitado por el think tank Espacio Público.

-¿Cómo califica el tipo de corrupción que se está conociendo ahora en Chile?

– Hay un concepto que llamo “la captura del Estado”, que lo desarrollamos en los años 90 por lo que ocurría en Rusia y el poder enorme de los oligarcas.  Es cuando la élite empresarial se colude con el liderazgo político para influir de forma indebida en el desarrollo e implementación de leyes, regulaciones y políticas públicas.  Claro que esto en Chile es más sutil. Pero vemos una privatización de políticas públicas, como si uno se pudiera comprar unas reglas del juego.  Es una forma  sutil de corrupción.  No es que el Estado esté capturado totalmente, eso es más extremo, pero sirve para poner en la mesa la problemática.

“A veces se habla de una “corrupción legal”, cuando algunos casos quedan como problemas éticos, pero no ilegales porque no se han cambiado las reglas, como lo que ocurre en EE.UU. con el financiamiento de campañas.

– Sobre esta “corrupción legal”, en muchos de los casos que se investigan se dice que no habrá grandes penas.

– Un aspecto clave es que los costos de ser corrupto deben ser mucho más altos que los beneficios. Porque si evado impuestos y el único costo es pagarlos, entonces los evado, pero si la multa es 10 veces más y puede incluir cárcel, el costo ahí es totalmente distinto.  La Sanción tiene que ser importante.  Transparencia sin sanción no da los resultados que se persiguen.

-¿Qué es lo más grave que se concluye de los casos Penta, SQM y Caval?

– Lo grave es que en Chile nos consideramos distintos, y queda claro que una gran porción de la clase política estaba capturada por intereses corporativos y financieros.

-¿El rechazo de la ciudadanía a estos hechos también trae un desprecio a todas las instituciones. ¿Cómo lo observa?

– La Calidad institucional de un país no se mide por ausencia total de corrupción; se mide por la capacidad de liderazgo y de reaccionar cuando hay una crisis.  En este caso, se creó la comisión Engel.  Algo están haciendo las autoridades, quizás no lo suficiente.

-Usted ha estudiado el factor económico de la corrupción. ¿Cómo se refleja en el crecimiento de un país?

– Lo más importante de un país es el talento, la gente. Y el talento de la gente se utiliza de manera sumamente distinta en un país corrupto y en uno que no.  Si no hay corrupción, se invertirá en la mejor educación para que esa persona, luego, apueste por el emprendimiento o por el sector público, pero para servir a la sociedad.  Lo otro es la distribución de las inversiones.  Empiezan, por ejemplo, a aparecer los “elefantes blancos”, y no políticas que beneficien a todos.

Continúa con su idea:

“La Corrupción es un impuesto a la inversión.  Si un inversionista extranjero ve que tiene que pagar un 20% de ´impuesto por la corrupción´, no lo hará.  Si se suma esto, más otros mecanismos, se ve que la corrupción tiene un efecto bastante grande en el desarrollo socioeconómico del país.  El dividendo  del desarrollo gracias a buena gobernabilidad y control de la corrupción es muy bueno.  Hay países que pueden triplicar el ingreso per cápita a largo plazo, comparado con países que no toman ese camino”.

-¿Y Chile puede aumentar su crecimiento?

-En los últimos 20 años, el crecimiento de Chile se ha triplicado, o más. Se ve que sí es posible.  Hoy se ven tropezones, pero el modelo no se ha caído.  Si se quiere tener algo similar en los próximos 20 años, hay que atacar los problemas de hoy.  Y también la gran desigualdad, que es muy importante en la actual falta de confianza.

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